sábado, 4 de julio de 2009

EL ATRIBUTO HUMANO MÁS CERCANO A LA DIVINIDAD

APOGEO DE LA MÚSICA

A mediados del segundo milenio, Martín Lutero impone en Alemania una nueva música litúrgica, que como su doctrina escindida de Roma, va a aceptar media Europa. Maestros cantores y minnesingers medievales la adoptan y son sus primeros difusores. París tiene su Schola Cantorum y la Flamenca; Florencia Venecia Milán.

El renacimiento musical ocurre dos siglos más tarde que el Renacimiento cronológico. Durante el siglo y medio siguiente la gloria del barroco va a alcanzar la plenitud de su divinidad, y no porque sea dedicada mayormente a la liturgia eclesiástica.

Claudio Monteverdi, nacido en Cremona y maestro de capilla en San Marcos de Venecia, inaugura el siglo XVII con la primera ópera, Orfeo, estrenada en la corte de Mantua. Con lo que Italia, subsidiaria cultural de Grecia, reanuda el fatalismo helénico basado en la mitología, que por extensión seguirán casi todas las naciones europeas. Los nuevos compositores van a alterar la música litúrgica, concediéndoles un aire operístico a misas, Te Deum Stabat Mater Magníficat Réquiem y Pasiones.

Georg Philipp Telemann, del primer barroco alemán, introduce a Juan Sebastián Bach como maestro en la capilla de Leipzig, y al hijo de éste, su ahijado Carl Philipp Enmanuele Bach, en la capilla de Hamburgo.

En un viaje en coche a la Misión de San Diego, en California, llegué a impacientar a mi acompañante porque imbuida en un concierto de Brandeburgo que daba la radio, no le prestaba atención a él. En la parroquia mayor de Santiago, de niña escuchaba los acordes de la célebre tocata y fuga de Bach, interpretada por un organista ciego, como el compositor antes de morir. Me sentía flotar en el Cosmos.

Mi cuñado, melómano como todos los húngaros, me contaba de un organista ciego que tocaba la misma fuga en una iglesia de Budapest. Alma Mahler también menciona en su autobiografía a un organista ciego tocándola en alguna iglesia de Viena. Antonio de Cabezón, ciego, era el organista de Felipe II, a quien acompañaba en algunos viajes. Estas coincidencias me llevan a pensar en el espíritu reencarnado de Bach, que había perdido la vista al ser operado de cataratas por un oftalmólogo inglés, John Taylor, el mismo que operaría a Händel con igual resultado

Friedrich Händel, maestro de capilla del elector de Hannover Jorge I de Inglaterra, escribe su música del Agua para un crucero real por el Támesis, y los Reales Fuegos Artificiales para la coronación de su hijo Jorge II. Los aleluyas de El Mesías los escuché por primera vez a la Escolanía de la catedral de Sevilla, en la boda de una compañera de la alta sociedad, que trabajaba conmigo para los americanos.

Con la Reforma luterana en Alemania, país musical por excelencia, la Escuela de Mannheim llegó a ser la mejor de Europa. A la que sigue la de Munich con el Elector de Baviera. El ilustrado Federico II el Grande de Prusia, francmasón, tocaba la flauta además de componer. En su corte, Carl Philipp Enmanuele Bach empieza a deslizarse hacia una nueva forma musical, partiendo del barroco, que su padre ha culminado históricamente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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María del Águila Boge dijo...

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